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Koinonía

Quién es dueño de esto

El servidor donde corre Koinonía hoy lo paga y lo administra una sola persona. Eso, dicho tal cual, es un problema — y es el problema que el sistema está construido para resolver.

Una plataforma donde se vota tiene un punto débil que no arregla ninguna contraseña: quien administra la máquina puede cambiar un número. Puede borrar una objeción incómoda, mover una fecha, ajustar un resultado. La respuesta habitual es pedir confianza —«nosotros no haríamos eso»— y esa respuesta no vale nada, porque la daría igual quien sí lo haría.

Acá la respuesta es otra: no hace falta creerme. No porque yo sea de fiar, sino porque el sistema está armado para que mi palabra no sea la que decide.

El testimonio se reparte, no se pide

Cada cierto tiempo, este servidor publica un resumen corto de todo lo que pasó hasta ese momento. Un resumen tan sensible que si alguien cambiara una sola letra de una sola propuesta escrita hace meses, el resumen saldría distinto.

Ese resumen se manda afuera, a testigos que no dependen de mí. Y hay cuatro tipos, elegidos justamente porque fallan de maneras distintas:

Cómo se reparte el testimonioEn el centro, este servidor, que cada cierto tiempo publica un resumen de todo lo que pasó. Ese resumen sale hacia cuatro tipos de testigo independientes entre sí: un registro público mundial, dos copias del proyecto en sitios distintos, personas con buzón propio, y registros de terceros. Para que una constancia se dé por firme hacen falta dos testigos de tipos distintos. Aparte, y sin hablar con el servidor, cualquiera puede descargar la historia entera y volver a calcularla en su propia máquina.Este servidorpublica un resumen de todoRegistro públicomundial, no es de nadieDos copiasdel proyecto, apartePersonascon su propio buzónRegistrosde tercerospara dar algo por firme: DOS de tipos distintosVos, en tu máquinarecalculás la historia entera — sin hablar con el servidor
Para dar una constancia por firme no basta con que este servidor lo diga: hacen falta dos testigos de tipos distintos. Dos del mismo tipo no son dos testigos; son uno con dos nombres.
Un registro público mundial
El resumen queda sellado en un registro que no es de nadie y que no se puede reescribir. Para desmentirlo habría que rehacer ese registro entero.
Dos copias del proyecto en sitios distintos
El resumen se publica firmado en dos alojamientos independientes. Para desmentirlo habría que entrar en los dos y cuadrar la mentira en ambos.
Personas con su propio buzón
El resumen llega por correo a varias personas de dominios distintos, que responden firmando con su propia llave. Para desmentirlo habría que conseguir que todas pierdan o entreguen su buzón.
Registros de terceros
Servicios ajenos que anotan, con fecha, que recibieron ese resumen.

La regla que lo sostiene, y que es código

Lo importante: una firma hecha con una llave que vive en este mismo servidor nunca cuenta como testigo.

Es la regla central y no es una promesa escrita en un documento: está en el programa, con pruebas que la comprueban. Y el motivo es sencillo. Si yo pudiera reescribir la historia y además firmar la versión falsa con una llave que tengo acá, mi firma no probaría nada: parecería una garantía sin serlo, que es peor que no tener ninguna.

Por eso hacen falta dos testigos de tipos distintos. Dos confirmaciones del mismo tipo son un solo testigo con dos nombres. Y mientras no haya dos de tipos distintos, el estado público no es «bien, con una nota al pie»: es sin confirmar, con la fecha desde la que lo está. El sistema lo dice en voz alta en vez de fingir un visto bueno que no se ganó.

Cómo participás sin pedirme permiso

Esto es lo que hace que la propiedad no sea mía. No hay que pedirle acceso a nadie ni esperar a que yo lo autorice — de hecho, yo no puedo impedirlo:

  1. Comprobalo por tu cuenta. Descargás la historia entera y la volvés a calcular en tu máquina, con un programa que no habla con este servidor. Si lo que te dio no coincide con lo que la pantalla dice, la que miente es la pantalla. Se hace desde la pantalla de comprobación.
  2. Sé testigo. Hace falta un buzón de correo y una llave propia, de las que ya usa cualquiera que suba código. No hay que instalar nada nuestro ni tener servidor: te llega el resumen, lo firmás con tu llave, y desde ese momento tu firma es una de las que hacen falta para que una constancia sea firme. La llave se queda con vos; si viviera acá, no contaría.
  3. Levantá tu propia copia. Todo el programa es libre, con una licencia que obliga a que cualquier mejora vuelva a la comunidad que la usa. Si mañana el Instituto quiere correr esto en sus propias máquinas, o alguien quiere montarlo para otra asamblea, no hay permiso que pedir ni empresa a la que llamar.

Lo que hoy falta, dicho sin adornos

La autoridad está repartida por diseño, y el programa que lo impone está escrito y probado. Pero hay dos cosas que todavía no son ciertas, y conviene decirlas acá y no descubrirlas después:

Prometer lo segundo como si ya existiera sería el tipo exacto de confianza falsa que todo esto existe para no pedir.

Comprobalo vos mismo